En esta pausa de la vida, ya vieja, me desnudo,
Y te cuento cuántos son los peces que resbalan
En mis pechos temblorosos hace tiempo.
En esta pausa de la vida, silenciosa, aún me muevo,
Y te digo, y te llamo, cuántos soles me quedan,
Y descansas con tus ojos de costado.
En esta pausa de la vida, me voy desvistiendo,
Y me gusta contarte cuántos cielos voy sintiendo
Y no te tengo muslos míos.
En esta pausa de la vida, hay danzas en el cementerio,
Que no esconden ramilletes,
esperando otro resplandor gimiendo.
En esta pausa de la vida,
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Nuestra piel ancha de fuego, de Ana Rosa Bustamante
Anatomía de una pasión
escribe Juan Cameron
Un buen apronte resulta el primer libro de la valdiviana Ana Rosa Bustamante. En el ya manido campo de la poesía amorosa, la poeta se desempeña en actitud desafiante y con desenfado. La «opulencia expresiva», señalada por un connotado colega nacional, se irá necesariamente puliendo hacia el alejamiento del verbo, como tan bien lo consigue la autora en este mismo libro.
La cuestión amorosa ha sido una pródiga fuente
Muy queda en la esperanza
me detengo,
como si ella fuera un dogma
y yo náufraga de cielos,
o fuera, - creo ahora -,
la armadura,
máscara raída en la batalla.
Dentro de ella fisgoneo a la vida,
por no decir la muerte,
armadura que nos embelesa,
para no verla,
despedazarnos
el cielo con todos sus cuentos.
Una vez el paraíso fue payaso,
respiramos por el ala de una paloma agónica
creyéndola viva,
sin máscara
tomamos la gota que no alcanzó a beber sedienta,
para limpiar el basural,
siempre ave blanca amanecida,
cantamos bajo la sombra de una luna muda,
y hasta hoy cantamos el canto melancólico,
de lo que una vez fue una horrenda herida.
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