LA POESIA UN FRUTO OCULTO BAJO LA PIEDRA

EN ESTA PAUSA poema ana rosa bustamante




En esta pausa de la vida, ya vieja, me desnudo,
Y te cuento cuántos son los peces que resbalan
En mis pechos temblorosos hace tiempo.

En esta pausa de la vida, silenciosa, aún me muevo,
Y te digo, y te llamo, cuántos soles me quedan,
Y descansas con tus ojos de costado.

En esta pausa de la vida, me voy desvistiendo,
Y me gusta contarte cuántos cielos voy sintiendo
Y no te tengo muslos míos.

En esta pausa de la vida, hay danzas en el cementerio,
Que no esconden ramilletes,
esperando otro resplandor gimiendo.

En esta pausa de la vida,

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COMENTARIO DE JUAN CAMERON SOBRE MI LIBRO NUESTRA PIEL ANCHA DE FUEGO.

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Nuestra piel ancha de fuego, de Ana Rosa Bustamante
Anatomía de una pasión

escribe Juan Cameron

Un buen apronte resulta el primer libro de la valdiviana Ana Rosa Bustamante. En el ya manido campo de la poesía amorosa, la poeta se desempeña en actitud desafiante y con desenfado. La «opulencia expresiva», señalada por un connotado colega nacional, se irá necesariamente puliendo hacia el alejamiento del verbo, como tan bien lo consigue la autora en este mismo libro.

La cuestión amorosa ha sido una pródiga fuente

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EN ESA NIEBLA poema de Ana Rosa Bustamante

En esa niebla nocturna tu fantasma Un viento lento por las calles mojadas, Un mariposa perdida anida en la frialdad De los tiempos, Esquiva el desconsuelo, En un musgo, Una punzada, Una esfera rasgada sangra, No es mi voz repitiendo Silenciosa gota a gota Un rumor de noche asombrada De su espectro oculto Luna sagrada y mares desolados Y borrascosa llama, Tantas palabras la lluvia desentraña Apresurados pasos de sobrevivientes, Y en mi lecho tiendo mi cofradía de palabras Al revuelo de sábanas, Nuestro nudo hambriento se desata Una noche sin luna y la más santa

DENTRO DE LA ARMADURA poema de Ana Rosa Bustamante


Muy queda en la esperanza
me detengo,
como si ella fuera un dogma
y yo náufraga de cielos,
o fuera, - creo ahora -,
la armadura,
máscara raída en la batalla.
Dentro de ella fisgoneo a la vida,
por no decir la muerte,
armadura que nos embelesa,
para no verla,
despedazarnos
el cielo con todos sus cuentos.


Una vez el paraíso fue payaso,
respiramos por el ala de una paloma agónica
creyéndola viva,
sin máscara
tomamos la gota que no alcanzó a beber sedienta,
para limpiar el basural,
siempre ave blanca amanecida,
cantamos bajo la sombra de una luna muda,
y hasta hoy cantamos el canto melancólico,
de lo que una vez fue una horrenda herida.

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